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Chacra 100: Corazón de la Colonia General Alvear

Lugar Histórico. ." El Espacio de la Emocionalidad"
-donde todo empezó-
El establecimiento de las aldeas, fue un proceso y una disputa entre dos modelos de organizar la colonia: vivir en las chacras, posición de la administración y gobierno Nacional. Y vivir agrupados según religión y aldea de procedencia del Volga, de los recién llegados, los Alemanes del Volga

05/02/2026 |

En el transcurso del mes de enero de 1878, llegan al menos en dos viejos vapores, en fechas distintas, a Diamante, Entre Ríos, los primeros colonos conocidos como los Alemanes del Volga, para poner en marcha la creada Colonia General Alvear. Provenían de la región del río Volga medio de Rusia, dónde habían permanecido por unos 100 años. Se habían establecido allí por iniciativa colonizadora realizada en 1763 por la zarina Sofia Augusta Federica de Anhalt, conocida como Catalina II, la Grande. No se analiza aquí las causas, los contextos y relaciones de este período histórico que rodearon a este grupo inmigratorio.
El primer grupo llega en los primeros días de enero y el segundo, más numeroso, presumiblemente el 24 de enero, en el vapor “Santa Fe”. Diamante era un pueblo de unos 1500 habitantes. No poseía un puerto propiamente dicho. Era una especie de atracadero y que mediante una simple rampa angosta se descendía a pie hasta la costa firme. Ambos grupos fueron en total presumiblemente alrededor de 1000 personas. Provenían de dos regiones distintas del Volga: Bergseite, región de colinas-montañoso, lado occidental. Y Wiessenseite, región de llanura, lado oriental. La mayoría eran católicos, y un buen grupo protestantes.
El viaje desde Buenos Aires tardaba entre 2 a 3 días. Un grupo fue trasladado hasta Campana en tren y desde allí en barco vapor por el Paraná. Las crónicas familiares describen a los barcos como viejos, algo destartalados, con pocas comodidades para tantas personas y con escasa comida. No sentían estar muy seguros, temiendo naufragar. El paisaje de ambas márgenes del nuevo río Paraná, les conectaba con las del río Volga: una margen llana y la otra con elevaciones.
Relatan que fueron bien recibidos por las autoridades del pueblo y administrador de la colonia y sus colaboradores. Fueron alojados en distintos lugares, principalmente en la ex quinta del Dr. Pedro Serrano, actual solar del Hospital San José y aledaños, que habían quedado en manos fiscales. Era un edificio abandonado, con vidros rotos y lleno de malezas en sus patios. Algunos acamparon en la plaza y en casas vecinas. Se recuerda y destaca la solidaridad y cariño recibido y brindado por muchos, especialmente una familia de apellido Gonzales. Ofrecieron todo tipo de ayuda, especialmente a los muchos niños. Fue convocado el farmacéutico, de origen inglés, Enrique Crick, que más tarde fue designado para atender la salud, una vez instalados en la colonia. En total, algunos habían permanecido unas tres semanas. Concurrían al templo, llamando la atención la devoción y la activa participación del oficio religioso a través del canto, pues eran eximios cantores.
Nuevo destino: La Colonia General Alvear.
El 5 de octubre de 1877, el gobierno nacional a través del Comisario General de Inmigración y los Delegados de los colonos que estaban por Brasil, acuerdan los derechos y deberes para este grupo inmigratorio. El presidente Nicolás Avellaneda, solicita la aprobación de inversión necesaria para dar cumplimento al contrato firmado con el grupo inmigratorio, ante el Congreso Nacional la suma de 250.000.
El 18 de octubre de 1877, el gobernador de Entre Ríos, Dr. Ramón Febre, ofrece por medio del diputado Miguel J. Malarín, al Ministro del Interior Bernardo de Irigoyen, un campo de 6 leguas sobre la costa del río Paraná, entre los arroyos Salto y Ensenada, para la creación de una colonia agrícola, cuyos agricultores lo serían más tarde los Alemanes del Volga. Esta propuesta fue aceptada. Así, mediante un decreto del Ejecutivo Nacional, se crea el 20 de enero de 1878 la Colonia General Alvear. Y el 4 de febrero se promulgó la ley, expropiando, con fondos provinciales y nacionales las 20.000 hectáreas. El límite sur es el arroyo la Ensenada, el norte, el arroyo Salto; al oeste el río Paraná y al este una línea recta dese la Ensenada hasta el arroyo Salto, lindando con varias estancias.
El administrador a cargo del establecimiento y organización de la colonia fue Samuel Navarro, que tenía de colaboradores a Santiago Hatt (responsable de los insumos y herramientas) y el Georg Kreuzmann (referido como el señor Nast). Hablaban el idioma alemán, lo que facilitaba la comunicación. En julio de 1878, llega el nombramiento del gobernador Febre, del Comisario y Juez de Paz, para toda la Colonia, con asiento en la Chacra 100: Bernhart Oberling.
El edificio administrativo y los galpones de alojamiento, es decir el campamento para alojarlos, se lo ubicó sobre la Chacra Nº100. Ubicada a dos km al este de Valle María. Eran 44,85 hectáreas. La oficina administrativa tenía unos 120 metros cuadrados. Se habían levantado tres precarios galpones, de 6 x 30 metros cada uno, dispuestos en forma de herradura, de adobe, cañas y paja. Tenían pocas comodidades para las más de 1000 personas.
La división de los campos estaba a cargo del agrimensor Juan L. Caminos. Cada “chacra” era de 44,85hectáreas. Los caminos vecinales, rurales-de 25 m de ancho- dividían a dos chacras linderas, formando cuadrados de dos chacras. Fueron numeradas correlativamente, llegando a las 400 chacras. Los “sobrantes”, sobre los costados de los arroyos y río Paraná, con letras.
Fueron despedidos con un suculento asado de confraternidad. Habían sido bien atendidos y dejaban buenos vecinos, a los que verían los domingos al regresar a pie, los 15 km para asistir y recibir el sacramento de la eucaristía.
En la mañana del 29 de enero, fueron trasladados desde Diamante hasta la Chacra 100, que se iba a transformar en su provisorio hogar por unos 5 meses. La mayoría realizó el viaje a pie, pues sólo había un par de carretas, para sus baúles con sus abrigados vestuarios y las personas mayores. Atravesaron el arroyo la Ensenada por el Paso de Las Vacas, cerca de dónde más tarde funcionara un frigorífico y almacén de ramos generales de la familia Chevalier. Cerca de la chacra 260. Como no había puente, el cruce se hacía por el lecho del arroyo.
Fueron ubicados en los galpones, dos para los católicos y uno para los protestantes. Como no contaban con cama, improvisaron colchones, rellenando bolsas o cubriendo con lonas, los espartillos cortados. Por las noches, el millar de inmigrantes, ocupaba casi todo el piso de los tres galpones, de manera que aquel dejaba su lecho por la noche, a menudo pisaba al vecino que estaba a su lado.
Se les entregó una libreta de crédito a cada familia, en la que se registraban los suministros para la subsistencia. Y, además, según el contrato firmado con el gobierno, las siguientes herramientas: un arado con sus cadenas, dos palas, azada, hacha, soga, dos bueyes, dos vacas lecheras, dos yeguas y un caballo. Esto debía pagar a partir del fin del tercer año, en cuotas de 5 años sucesivos.
Mientras se realizaba la agrimensura de la colonia – en la cual muchos participaron con el amojonamiento – fueron construyendo rudimentarios carros y herramientas, y adiestrando los caballos para las tareas de la agricultura, como tirar arados, carros, grandes ramas en lugar de rastras que no poseían, etc. Los caballos que les entregaba la administración, eran más bien potros o adiestrados para cabalgar, y tropear animales, pero no para el trabajo de la agricultura. Tenían gran capacidad de adiestramiento y manejo del caballo y su adaptación a los trabajos propios que requiere la labranza de la tierra, muy distinto por cierto que el trabajo de la ganadería, a la que los criollos de la región se dedicaban y manejaban con destreza. También habían logrado domesticar y adaptar a los camellos, en algunas aldeas del Volga.
Las crónicas relatan que reinaba un fuerte espíritu de cuerpo, unido y solidario, aunque ellos pertenecían a regiones distintas del Volga (unos de Wiesenseite y otros de Bergseite), y eran unos católicos y otros protestantes luteranos. Contribuyó mucho a este clima la presencia del sacerdote Lazarista Pedro Stollenwerk, quien, con su prédica, fortaleció el espíritu de los inmigrantes, revitalizando su ánimo ante la adversidad.
Fueron informados de la posición del gobierno: cada familia debía establecerse en la chacra sorteada. Inicialmente les habían ofrecido 89 hectáreas, es decir dos chacras a cada familia. Les parecía demasiado para poder pagar y llegar a cultivarlas todas. En las colonias del Volga, por el sistema Mir, habían terminado con poseer 1,6 hectáreas por familia. El modelo de organización de la colonia del gobierno nacional se fundaba sobre el concepto de Juan B. Alberdi: “Gobernar es poblar”; necesidad de ocupar los campos-chacras y trabajar la tierra.
Mientras que los recién llegados, habían vividos agrupados por 100 años en aldeas, donde residían y realizaban sus tareas agropecuarias de corrido en el campo. Esto les permitía poder enviar cada día a los niños a la escuela y a la iglesia y recibir la instrucción; permitiendo también la ayuda solidaria y la socialización como valor formativo.
Esta posición causó mucho malestar y se produjo un clima de tirantez entre la administración y los inmigrantes.
Primera Casa: refugio fuera del campamento
El hacinamiento, la incomodidad, la falta de intimidad familiar y la demora de la asignación de los respectivos campos, hizo que un colono del grupo de los Wiesenseiters, se adelantara a los hechos, construyéndose su propio hogar-refugio, cerca del campamento. Cavó una fosa de 4x4metros y dos de profundidad, y con cañas y paja, hizo el techo. Y una escalera cavada en la tierra, era el acceso. Logró así un espacio fresco para el verano y agradable a las bajas temperaturas. Y tener a toda su familia en un sencillo espacio, que se convirtió en su hogar. Este modelo constructivo fue el que luego se copió al establecerse todos en las Chacras 201-202 para agruparse y formar Valle María. Un “adelanto” de las Vizcacheras.
Sorteo y Distribución de las chacras: acuerdo.
Habiendo terminado la mensura a fin de abril, se pasó al sorteo de las chacras. Ambos grupos se pusieron de acuerdo con la administración sobre la ubicación de cada grupo. Las familias protestantes, prefirieron el ángulo Sud-Este, en las chacras 108-111. Las familias de los Wiesensaiters la parte sur-oeste, hacia el río Paraná, arroyo la Ensenada, arroyo Crespo, en torno a las chacras 201-202. Los Bergseiters sortearon entre si las restantes chacras y zona dentro de la colonia: San Francisco (Pfeifer) las linderas a la Nº338; Spatzenkutter (Marienfeld) las lindantes a la Nº 141 y Salto (Köhler, Heiligen Kreuz) las ubicadas al noreste, en las cercanías del arroyo Salto, en torno a la chacra Nº 78.-
A vivir a las chacras: ubicación transitoria.
El administrador Samuel Navarro, después del sorteo de las chacras, según el área elegida por cada grupo de procedencia y religión, les comunica que todos debían aceptar y comprometerse a vivir en su respectivo lote, entregándoseles carpas hasta lograr construir sus viviendas. Si esta disposición no se acataba, se les retiraría la manutención y las carpas. Ante esta situación, ¿que podían hacer los colonos? Se encontraban entre la “espada y la pared”. No tenían dinero para mantenerse o emprender el regreso, ó buscar otro destino. Además, los animales estaban amansados, los precarios arados estaban listos y debían realizar la primera limpieza y arada.
Por ello, se resolvió, solo durante el tiempo de arada, ceder a las exigencias del gobierno. Con el corazón apesadumbrado y mordiendo los dientes, cargaron las carpas y sus pertenencias y varias familias se fueron a establecer con carpas en medio de sus chacras.
Solitarios, en plena soledad a campo abierto, la angustia era más grande aún cuando el padre de la familia debía alejarse por todo el día para los trabajos de desmonte y limpieza de matorrales. Entonces la zozobra y angustia se apoderaba de la esposa e hijos, que se encontraban solos, bajo una carpa. Este estado de soledad y desánimo aumentó, cuando desde Paraná llegaban rumores por un estallido revolucionario. Además, recorrían jinetes a caballo, pasando por los campos asignados, tildándolos de intrusos y usurpadores, mostrando facones y escopetas, para atemorizarlos. Algunas familias habían logrado sembrar entre 5 y 6 hectáreas de maíz. No lograron más, pues las tierras tenían grandes raíces y los caballos se cansaban y no estaban bien entrenados para las tareas de la agricultura. Así encontró a su familia Nicolás Gassmann que venía del Brasil. Su esposa había fallecido y sus hijos se encontraban bajo un árbol en una carpa.
Una visita providencial: P. Pedro Stollenwerk
En el mes de mayo de 1878 llegó el sacerdote alemán de la Orden Lazarista el P. Pedro Stollenwerk y se instaló en el campamento. Lo recibieron como un emisario del cielo. Se desocupó un galpón acondicionándolo para la misión y los oficios religiosos. Fueron días felices, que les levantó el ánimo y les trajo consuelo espiritual al desánimo y duro momento que estaban viviendo. Renacía la esperanza de lograr convencer a las autoridades de vivir juntos en aldeas.
A fin de junio la situación se hizo más tensa. El administrador vio que no construían sus casas en las chacras. Por ello los reúne y en compañía del jefe político y policial de Diamante, los intima. Los colonos, a la mañana siguiente le responden que, en el contrato de radicación original con el gobierno nacional, no se los obligaba a vivir separados. El administrador, como alternativa les ofrece ubicarse en las esquinas de sus chacras, así estarían cuatro vecinos en cercanía. Esto también fue rechazado por los colonos, que querían vivir agrupados en aldeas. La tensión se incrementaba.
Pacto de Alianza entre Wiesenseiters y Begseiters:
Ambos grupos pactan una estrategia común ante la administración para que no puedan ser trasladados a la fuerza y no quedarse sin los insumos para la alimentación. Como sabían que les quitarían las carpas y el sustento, combinan una estrategia: los Bergseiters se quedarían en el campamento, así recibían el sustento, que compartirían con los Wiesenseiters que, al irse a las chacras 201-202, se quedarían sin carpas y alimentos. Por ello, diseñan un trazado urbano al modo de su organización y concepción de vida: dos manzanas centrales para escuela y templo. Por cada manzana, 4 familias. Cavan dos metros hacia abajo, una especie de sótano de 4,25 x 17 m y techan con varas de sauces, cañas y pajas. Reciben el mote de “vizcacheras” a la aldea en formación. Mientras tanto recibían los insumos que les compartían los Bergseiters que estaban en el campamento. Intentaron ambos grupos, por este medio, lograr que se les autorice vivir agrupados en aldeas.
Al tiempo se presentó el administrador Samuel Navarro, acompañado por diez agentes policiales y el reciente designado comisario y juez de paz de toda la Colonia General Alvear, Bernhart Oberling, que hablaba alemán. Les comunicó que debían abandonar esas precarias viviendas y trasladarse a las chacras asignadas. La respuesta de los colonos fue: “si no podemos vivir agrupados en Aldeas, ningún Alemán del Volga se quedará en la colonia General Alvear”. Navarro les respondió que por el momento se quedaran, sin saber lo que vendría por delante, pues su obligación era comunicar esta novedad al gobierno en Buenos Aires. El no tenía la facultad para permitir ese modo de organizar la colonia. Prometió en volver con la respuesta del gobierno nacional.
La Respuesta: vivir agrupados
El administrador Samuel Navarro, después de realizar la consulta con el gobierno nacional, reúne a todos y comunica la autorización del presidente Nicolás Avellaneda, a establecerse agrupados según grupo de origen y religión, en el área de la colonia que ya habían acordado. De común acuerdo todos los líderes, establecen ese día como la fecha clave y común del inicio de las 5 aldeas: 21 de julio de 1878: Valle María (Marienthal-Vizcachera); Protestante (Protestandörfche-Bauer-Dörfche); San Francisco (Pfeifer- Las Arañas); Spatzenkutter (Marienfeld-Campo María); Salto (Heiligen Kreuz-Santa Cruz-Köhler).
Los Wiesenseiters, lado oriental y de la región de la llanura del Volga, eran provenientes de 6 aldeas, a saber: Graf, Rohleder, Herzog, Ober-Monjou, Marienthal (también conocida con el sobre nombre de Pfannestiel) y Louis, se establecen en las actuales chacras 201-202 dando origen a la actual Valle María.
Fuentes: Crónicas Nicolas Gassmann.
Remembranzas-Recuerdos-Memorias. Pedro Salzmann
Los Alemanes de Rusia. Jacob Riffel.
Conmemoración del cincuentenario. P. Ludger Gruter.
Los Alemanes del Volga. Victor Popp- Nicolás Dening.
Los Abuelos Alemanes del Volga. Alberto Sarramone.
La Memoria de mi Pueblo. Yolanda Gassmann – José Hermann.

Fuente: Lic. Dario Roberto Wendler, Reponsable del Museo Regional Hilando Recuerdos

Miércoles 1 de Abril de 2026

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